Siempre me ha gustado mucho el cine. Las bandas sonoras de las películas son una obra de arte en sí mismas (muchas veces, incluso más memorables que el propio proyecto para el que fueron compuestas). No todos han visto la saga de Star Wars, y la calidad de sus argumentos está sujeta a frecuente discusión por parte de críticos y fans, ¿pero quién no recuerda esa inconfundible melodía que abre cada uno de sus nuevos episodios?
La música es vida: el idioma universal y trascendente a lo temporal que nos conecta con personas al otro lado del globo. Frente a lo racional y lógico de nuestro lenguaje verbal, la música es sentimiento, nos lleva a entender mucho más allá de las palabras. Muchos podemos adivinar cuando las películas de miedo nos van a llevar a un sobresalto; también, cuando el amor vuela entre los personajes de una historia que no necesariamente debe ser romántica. Más allá de lo que dicta la neurología, de la que no llego ni a principiante, nuestro oído desempeña un papel fundamental en nuestra forma de vivir y de relacionarnos con el mundo que nos rodea. Y la música es inherente a nosotros como seres humanos.
Sin embargo, frente a las hermosas y originales bandas sonoras que dan sentido a nuestro cine, los momentos más bellos y los más miserables de la película de la vida comparten una misma melodía desorganizada y a ratos irritante de ruidos ambientales. Los monitores de un hospital maternal son comunes al nacimiento de un bebé y a la muerte de un niño. Entonces, ¿cómo podemos discernir si la música de la obra que tenemos delante debería corresponder a un momento de desesperanza, miedo, tranquilidad o incluso humor? Puede que la empatía, pero ¿empatía con quién?
Quizás es la música melancólica de la paciente que ha recaído y sufre de la desesperación de dejar solos en la vida a sus hijos pequeños, la música de esperanza de quien se encomienda a una fuerza superior para afrontar una muerte segura, la música burlesca de quien frivoliza con sus pacientes; puede que incluso una mezcla de todas ellas.
Habrá que pasarse más por el cine para descubrirlo. ¿Qué opinas?

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